........................esta segunda inocencia
que da en no creer en nada.
Antonio Machado

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miércoles, 25 de agosto de 2010

Querido diario

Hace un calor como el de Madrid: sin piedad, pero seco. En la calle aún de verano las mujeres son hermosísimas, pero ya no es mi problema, sino el suyo. Hoy me quedo más tiempo, de modo que me he traído una mochila con sandwiches de crema de cacahuete, un huevo cocido, unas salchichas y un plátano. Café también. Creo que todo ello está prohibido en algún sitio, pero hasta que no me digan el número del BOE y la disposición concreta, yo sigo. El Ministro ha dicho que aquí no ha pasado nada, así que estoy tranquilo. La EPOC avanza a paso regular, sin prisa, pero sin pausa. Fumo donde puedo: a veces los  jefes hacen la vista gorda, a veces no están, incluso. Siempre hay dos o tres ceniceros escondidos por alguna parte. En este nuevo fascismo, como en el antiguo, se dejan válvulas de escape, para que el sistema no reviente por exceso de presión. Recuerdo cuando mi lugar de trabajo era como mi hogar: me traía plantas, cuadros; llegué a traerme un trapo y un bote de líquido limpiador para las mesas y las ventanas (¡se lo juro!); ya no; ahora es como cualquier otro lugar de trabajo: el lugar donde tiene uno que venir para "ganarse el sustento". Ya no es otro hogar. Pero han cambiado tantas cosas, que no sé a qué atribuir esa pérdida de carácter de morada. Todas ésto hubiera debido contarlo en "La puta covacha", el otro blog, pero lo suprimí cuando me di cuenta de que apenas podría con uno.
¿Y cómo ilustrar? Ponía en el blog antiguo (those barren leaves) fotografías estupendas de un fotógrafo italiano que un día me pidió por mail que las suprimiese porque tenía problemas legales con una de sus modelos. Lo que más se teme, siempre ocurre, decía Cesare Pavese; pero lo que menos te esperas, también suele ocurrir. Te vas a buscar algo y en todas las imágenes te avisan de que pueden tener copyright. De modo que no sé si no ilustrar nada o ilustrarlo todo.
¿Y para qué escribir? ¿Por deber? ¿Por placer? No sé. "...vivía porque había empezado a vivir", dice Sartre en "Les mots". Será éso. O porque escribir es un modo de hacer el amor. Con las palabras. Y ya se sabe que el instinto de hacer el amor es el más fuerte, tras el instinto de supervivencia. Y aquí me tienen, jodiendo.

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