........................esta segunda inocencia
que da en no creer en nada.
Antonio Machado

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martes, 28 de septiembre de 2010


 Una mesa

                      Me senté a la mesa del café, aromático de orina, y al instante me asaltó el viejo problema filosófico: ¿A cuántos minutos de mesa coja tiene uno derecho por un café con leche? El dueño había colocado en la pared dos escudos de regular tamaño de los equipos rivales, por lo que lo pensé hombre conciliador. O -pensé después- deseoso de atizar las rivalidades deportivas. Qué complicado es todo, pensé mientras sacaba el lápiz y la libretilla e intentaba creerme Hemingway. Pensé en toros, en cebollas, en vino y en hambre. En esposas locas de Scotch Fitzgerald y en resacas.  En obras escritas a máquina extraviadas. En grandes Gatsby. En A moveable feast. En viejos y en mares. ¿Quince minutos?       
                 Vamos, el dueño no podía ponerse quisquilloso, aquéllo estaba vacío. Yo no estaba desplazando a un cliente más gastador. Aún así, pedí un bocadillo de jamón y queso. Ésto me dará otros quince minutos por lo menos, por el precio. Veinticinco minutos. Miré penetrantemente a las paredes, a la calle. Siempre miro penetrantemente, quizá por curiosidad, quizá por miedo: espero que lleguen del pasado los compañeros de colegio que me daban puñetazos en los oídos, aunque nunca han vuelto. Por ahora. Pero los dueños de bares tienen que pagar el alquiler, los locales cuestan una barbaridad. Las existencias... bueno, éso depende. Escribí los álamos montaban guardia a lo largo del río mientras una luna llena amenazaba desplomarse sobre el castillo medio derruido y ella no llegaría nunca seguramente.
                  Miré el reloj; me quedaban veinte minutos, y yo era el dueño indiscutido de momento de aquella mesa. Luego pediría otro café. Con gusto una copa; pero el médico me ha prohibido beber. Escribía en un café, como hacen los escritores siempre. El dueño -sería el dueño por su actitud- detrás del mostrador ajustaba el dial o el volumen de la radio, o ambas cosas.
                   Nadie me había llamado la atención nunca en un café por utilizar una mesa demasiado tiempo -por otras cosas sí-, pero el problema filosófico permanecía (y permanece). Me dije carajo, si piensa que estás abusando de la mesa no tiene más que decírtelo. ¿Cómo se llamaba la conciencia en exceso escrupulosa? Hace tanto tiempo que me enseñaron esas cosas en el colegio. Debajo del mostrador, diversos alimentos para acompañar la bebida: bocadillos, tortilla de patatas, carnes de dudosa procedencia invitaban a seguir el consejo de Malraux: vivid peligrosamente. Escribí en la libretilla: Triste noche era aquélla de aniversario.
                  Miraba otra vez penetrantemente a la calle -aunque en ella poco había por penetrar- cuando entraron un hombre y una mujer, que se sentaron a la barra  y pidieron un whisky y un vodka con naranja, después de saludar cordialmente al dueño (debía de ser el dueño).
           -Venga, saca éso- dijo el hombre.
           -Cuando se vaya el poli- dijo el dueño en voz baja, y la chica me miró.
                  Al cabo de un momento me levanté despacio, y procurando no mirar con penetración a ningún lado me acerqué a la barra y pagué la consumición con toda la dignidad que pude, y salí a la calle. Así comprendí que se puede estar de más en un bar aunque no se ocupe una mesa demasiado tiempo en relación con lo que uno consume.

domingo, 26 de septiembre de 2010

LA HISTORIA

                 Dios recordará (acaso) con cuántos cretinos e iletrados me he enzarzado en talleres literarios para nada, y con cuántas gentes he conversado de Literatura en la Red, hablando yo en chino y ellos en malayo. Y hubo un muchacho que me escribió una carta elogiosa y admirativa y que decía esperar con ilusión mi respuesta; como abro el email de seis en seis meses, cuando quise contestarle ya no existía esa cuenta. Quién sabe quién habrá pensado el muchacho que era yo: un idiota creído, un soberbio, o como poco un descortés, un incivilizado. Quién sabe qué se habrá creído él: una persona sin importancia, cuando tanto pudo animarme su misiva para escribir algo más, para bien o para mal es otra cuestión.
                   Por suerte, tengo muchas preocupaciones, se empujan unas a las otras y se expulsan de la cabeza, como las palomas en un reborde del tejado; pero me duele ese recuerdo. Ojalá hubiera abierto el correo con más asiduidad.
                 Así se escribe la historia.
                       dame cobijo sobre tus rodillas
y por favor no me preguntes nada
hoy soy sólo una alma naufragada
que sin sexo se llega a tus orillas

hoy no te pido amor amada amiga
hoy te imploro un albergue no lascivo
para dormir que más muerto que vivo
estoy y es demasiada la fatiga

esta noche no soy hombre siquiera
sino flaco caballo malherido
con negras mataduras en la espalda

esta noche sé sólo compañera
hoy tu calor no anhelo ni tu nido
hoy me quiero olvidar sobre tu falda
 Esas otras cosas

Están el pan y el agua
Está el pensar que no lo hicimos tan mal después de todo
Que no jugamos demasiado mal las cartas que teníamos.
Está el sol y mi gata y el aire de la calle
Y un fondo de pantalla muy bonito
Con un desierto rojo
Están el café y el tabaco y el agua
Y el pequeño jardín
Y los atardeceres caudalosos de rojo y de violeta.
Está una ligerísima esperanza.
Están los diccionarios y los mapas
Y el deseo y el sueño.
Hay algunos recuerdos y el tiempo que me quede
Y la noche y el alba.
Y luego hay esas otras cosas
Negras de espanto y de abismo y de frío
Y no hay modo de olvidarse de ellas
Y no hay modo
de librarse de ellas.                                                                                                                                                                           

viernes, 24 de septiembre de 2010

                  He recibido numerosos correos electrónicos preguntándome por qué no me gustan los cómics de Mafalda. La respuesta me parece muy sencilla, aunque alguna discusión de perfil bajo haya tenido con algún amigo en el pasado sobre el particular. El dibujo de Quino es magistral, ésto está fuera de duda; pero Mafalda y sus amigos no son niños: son enanos. Ningún niño dice al ver un socavón con oberos que "Quizá están buscando las raíces de lo nacional." El éxito de Mafalda para mí es un misterio... o a lo mejor no. A lo peor no. A lo peor es que todo nos da igual.
Guillermo Brown, Charlie Brown, la pequeña Lulú, son niños: piensan como niños y hablan como niños. Los autores, de algún modo (no tengo ni idea cómo) consiguen recordar lo que pensaban y decían cuando tenían esa edad. Ésa es la gracia que tienen sus historias, y ése el motivo de que Mafalda no tenga ninguna, a mi modo de ver. Aunque se puede aprender mucho sobre dibujo con Quino.
                  Quizá estamos tan enfermos que ya no nos preguntamos qué nos pasa; tal como yo no concibo actualmente que se pueda vivir sin dolor de espalda. Estamos tan enfermos y desde hace tanto tiempo que ya no nos preguntamos por qué la vida social es un intercambio de humillaciones más que un intercambio comercial (Leopoldo M. Panero) o por qué todas las series que vemos versan sobre policías, o psicópatas, o salas de disección; siendo algunas de las más exitosas las que combinan los tres elementos. Por otra parte, tenemos problemas mucho más urgentes, como la pérdida de identidad. Pero algún día habría que preguntárselo.

martes, 21 de septiembre de 2010

   Memento


             La muerte de JAL me coge en pleno acceso de timor mortis; he echado cuentas, y me quedan como diez o quince años (con suerte). Por mucho que la muerte sea cuestión de estadística y todo hombre corra el albur de ser el primer inmortal (Borges dixit), te sientes como en un tobogán sin brazos, deslizándote sin remedio y a regular velocidad hacia... ¿hacia dónde? Como muy poco, e incluso estoy fumando muy poco. Algo tendrá de bueno la conciencia de que "ésto va en serio": ya no me despierto como si hubiera tomado una cucharada de alquitrán.


                            Relecturas


             Una relectura de Crome yellow y Those barren leaves de A. Huxley me confirma todo lo que los críticos saben desde siempre: los personajes de novela de este autor son diferentes facetas de su personalidad, y no personajes logrados: ahora me disfrazo de viejo cínico, ahora de joven aristócrata tonta, ahora de aspirante a escritor, ahora de sindicalista. ¿Es un fracasado Huxley creando personajes? Depende... Depende de si se proponía construir personajes creíbles. De todos modos, ésto de pensar en términos de éxito o fracaso es más bien cosa de los norteamericanos.

  Pautas

            De niño me hostilizaban (de hostia) en todos lados excepto en mi casa, que era un remanso de paz y cristianismo casi siempre; crecí así con un patrón de comportamiento basado en la defensa y el ataque que quizá tuviera que dejar de lado ahora que el porvenir es aún menos halagüeño.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Gente rara

                   Me pasé media vida (no miento: hasta los treinta años más o menos) pensando, creyendo, como un aficionado al fútbol respecto de su espectáculo preferido, que todo el mundo era sensible a la música de las palabras. Después me fui encontrando, como quien se encuentra a seres de planetas incomprensibles, que había muchísimas personas que sentían por el Quijote o Las flores del mal lo que yo puedo sentir por una final de Copa. Después lo olvidaba, hasta el siguiente encuentro con uno de estos extraños seres. Cuántos párrafos habré leído a mi madre, a mis tías, a mis amigos, esperando que encontrarían en ellos el placer y la diversión que yo,  ya que el gozo que procura la lectura, igual que el amor, reclama ser anunciado, mientras ellos esperaban con (im)paciencia que aquel tormento se acabara. Lo siento. La eximente, ya lo he dicho, es que yo no concebía que no se pudiera disfrutar leyendo.

La trahison

                   Es notable advertir los esfuerzos que en el último siglo hemos hechos para degradarnos a los ojos de los demás y los nuestros propios, sosteniendo contra viento y marea que la labor de un panadero o un ebanista era superior a la nuestra. Alguno, cuyo nombre he olvidado, llegó a hablar de los intelectuales como excremento de la sociedad, así, sin matices. Y sin embargo, sin embargo... La verdad despide un aroma inconfundible, y algo dice a la mente (y al alma, con perdón) que para buen número de gente puede ser prescindible la silla e incluso la barra de pan, en absoluto El albatros, El lazarillo, Quevedo, Shakespeare.
                  Únicamente gente de destilado refinamiento, que vive rodeada de artificialidad, busca versos sencillos y de intención evidente.

Aldous Huxley, Those barren leaves
            
            Llegada cierta edad, a uno le sucede sentir, como a Fausto al comienzo del poema goethiano, que ya ha leído todos los libros y que la lectura, incluso la de un texto desconocido, es siempre relectura porque, acumuladas ciertas experiencias vitales, ha leído el libro de la vida y nada de lo humano le resulta absolutamente novedoso. Entonces lo esencial es ese otro "progreso hacia uno mismo", tan diferente del científico, y escribir las líneas del propio destino más que perpetuar el tintineo de las palabras prestadas, por ilustres que éstas sean.

(Javier Gomá Lanzón, "No estar al día", El País (Babelia), 4-09-2010)

jueves, 16 de septiembre de 2010


Lumbares

            La intervención había sido una crucifixión de tal calibre, digna de un cuadro de Francis Bacon, que esperó resultados en proporción. Craso error: llevar el cuerpo al cirujano es como llevar el coche al taller (o el alma al psiquiatra): se vuelve a caminar, pero siempre hay un ruido por alguna parte... Se sintió acompañado cuando supo que Bardem también había sido intervenido: lo suyo era consecuencia, el pobrecito, de haber levantado en brazos a una actriz que -se conoce- pesaba más de lo debido, o bien Javier no lo hizo siguiendo los consejos de los manuales de ergonomía. "Entonces también  a Ellos les sucede", se dijo. "También Ellos se ven desnudos en una cama, con un tubo de drenaje metido en la espalda, mientras otros les lavan, y sueñan con el infierno y -¡con suerte!- alguien les trocea el pan del desayuno y se lo mete en la boca... Y abrió la botella de Propofol, él y el Doc abrieron la botella de Propofol, pero él se había tomado algo para aguantar mientras el Doc llegaba... Dejó millones de jóvenes llorando y comparándole con El Rey, y sonreía ante tanto amor y tanta hipérbole, con su nariz picuda, desde la invisible región de las estrellas fijas, recordando el moonwalking y todo aquéllo, pero ya sin dolor.

martes, 14 de septiembre de 2010

 Aleister Crowley

Invocó los demonios de la tierra
para calmar su sed del absoluto
este curioso asceta disoluto
("el hombre más malvado de Inglaterra");
dilapidó cuantiosos patrimonios,
arruinó vidas, repartió locura
para anudar su singular, oscura
alianza terrenal con los demonios.
Y su persona misteriosamente
incólume salió del peligroso
trato con esas fuerzas abismales,
y llegó a la vejez tranquilamente,
para hundirse (supongo) venturoso
en las rojas tinieblas infernales.
A un pelota

Cada cual trae al mundo su tarea.
Hay músicos, poetas y pintores,
hay jinetes, soldados y doctores:
y el que nació pelota, pelotea.

Mi amigo (porque lo es) es un pelota
modelo: ¿Cambia el jefe? No le importa:
lo mismo con el nuevo se comporta.
(No cambia su misión, cambia la bota).

¿Es triste condición? ¿Triste papel?
Yo sólo se decir: no va conmigo,
y el resto lo reputo incognoscible.

Lamiendo botas, consigue mi amigo
todo lo que yo que me río de él
sin lamerlas tengo por imposible.

Curas de mi tierra

                   Hace años escribí este soneto; lo doy tal cual, aunque quizá hoy cambiaría o sustituiría el segundo verso. Parece que sabían mucho más de lo que yo pensaba entonces, incluso descontando las exageraciones del periodismo.

Perros de Dios que administraban penas
y culpas de las que nada sabían,
amargados canes que decidían
de salvación y perdición ajenas,
juzgando si eran malas o eran buenas
las gentes que en tanto les excedían,
y anegadas de angustia les pedían
el divino romper de sus cadenas.
Perros de Dios, qué cegados estábamos
buscando tantos años, tan en serio,
en su tormento la paz anhelada.
Pensando hoy, ¿a quién nos confiábamos?
Viudas locas, bichos de cementerio,
perros de Dios que no sabían nada...
Dentro de algunos años

Niña monísima,
de faz angélica,
que entre las sábanas
roncando estás...

Ved aquí el túmulo
de algún polígrafo
-o grafómano-, 
su estilográfica, su espátula
(porque de genio artístico
creíase -o pictórico).
Sonámbulo, no siempre lúcido, 
alguna vez ridículo, 
elaboró metáforas patéticas
y versos estrambóticos.
Si su escritura reveló algún mérito,
el lector júzguelo;
historia es ya pretérita
su verbo casi anónimo.
Si a alguno fastidióle su retórica,
discúlpelo humanístico,
perdónelo católico, 
olvídelo magnánimo- y amnésico.

Así decía un ciego casi homérico,
con voz lúgubre,
ante la urna minúscula
(no le oyeron, por el ruido del tráfico,
y se marchó colérico).
Querida Fly

                  ¿Quién ha hablado de estar usted calladita? ¿Quién ha hablado de que usted pueda molestar con sus inteligentes y civilizadísimos comentarios? ¿A quién? ¿Por qué? No me haga sentirme incómodo;  su presencia siempre es grata, muy grata, y -se lo dije en el periódico y se lo digo aquí, que no nos ve nadie- es por sus comentarios a mis frases que me decidí de nuevo a abrir un blog. Este blog, para bien o para mal -la encuesta hasta ahora no me lo aclara, ver encuesta- es responsabilidad suya, y si alguien encuentra algo en él que le sirva, o le guste, a usted se lo debe.

                   Con el mayor afecto y simpatía,

                                                     Elías F. Gómez García

P.D. Si a usted le gusta más el cuadro anterior, no hay más que hablar.
Querido diario

             Todavía no tengo seguidores (oficiales; le debo carta, querida Fly. Tuve unos días complicadillos). No puedo inscribirme yo mismo como seguidor. Sería onanista, y hacerse trampas en el solitario. ¡Pero alguien ha utilizado la encuesta! Mi hijo no tiene razón: hay que poner muchos widgets en el blog. --- Facebook no me gusta, es una cosa muy rara, yo creo que para gente muy joven y que tenga mucho tiempo. Y además, hay que tener amigos. E interesarse por algo.

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             Por alguna razón sigo leyendo el mismo periódico. Algo tendrá, o algo les faltará a los otros. O quizá sea mi personalidad adictiva. El caso es que ayer, día trece, traía un estupendo artículo que se intitula "El yo más desvergonzado." Para no perderse por ningún bloguero ni escritor. El diario ya saben cuál es, ése que uno lee porque en país de ciegos el tuerto es rey; y la sección, Cultura, supongo. Búsquense la vida.

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                              Toda sociedad exige, necesariamente, un acomodamiento recíproco, un temperamento; así, cuanto más numerosa es, más insípida se hace. No se puede ser verdaderamente uno mismo, sino mientras está uno solo; por consiguiente, quien no ama la soledad, no ama la libertad, porque no es uno libre sino estando solo.

Arthur Schopenhauer


             Conozco quien no sabe tomar un café, o aun dar un paseo, sin alguien que le acompañe. Conozco a mucha gente así. A mí, hoy, me estropea un paseo, o incluso un café, encontrarme con alguien. Prefiero hacerlo todo solo.... bueno, ahora que me doy cuenta, todo, no. Pero mientras estoy solo, converso con el hombre que siempre va conmigo, aunque no me haya enseñado aún, ni vaya camino de hacerlo a lo que se ve, el secreto de la filantropía.
             ¿Fue siempre así? No, no, en absoluto. Nunca he sido simpático, continúo sin serlo, y en mi infancia e incluso después esa circunstancia me hizo pasarlo muy mal. Se lo decía a mi madre, en su calidad de representante de Dios, y ella me miraba como diciendo: "Qué quieres que yo haga, hijo mío." Era la época en que hubiera pagado (y a veces pagué) para que me hicieran compañía. Luego, imagino -cualquiera se acuerda- que desarrollé algún tipo de defensa contra el sentimiento de soledad, y después acabé por encontrarle la gracia.
             Hoy, el mayor sacrificio -no siempre, me consta, debidamente apreciado- que puedo hacer por alguien es asistir a su boda o al bautizo de su hijo, acompañarlo a tomar café, a dar una vuelta. No lo perciben como sacrificio, porque para ellos la compañía es algo deseable. Le invitan a uno pensando: "Que él también lo pase bien." Tampoco lo hace uno para que le agradezcan, desde luego. Lo hace uno porque se trata de Fulano o de Mengana, la intención es lo que cuenta y no ir lo tomarían como desaire.
            He olvidado qué me hacía sufrir tanto del hecho de estar solo. Completamente. ¿Quién no me sobra hoy, salvo mi familia cuando está de buenas? No sé si estoy curado o muy enfermo, pero también he dejado de preocuparme por todo lo que no sé; no se termina nunca.

 

domingo, 12 de septiembre de 2010

A UNA CRUZ

Por respeto a mi padre, te conservo
al lado de mi pertinaz tintero,
mas no te entiendo, y no porque no quiero;
pero no supe nunca serte siervo.
Siervo, no supe nunca ser de nada;
es posible que mi libre albedrío
usara mal; ¿por éso está tan frío
tu rostro, y tan distante tu mirada?
Conmigo o contra mí, tú nos dijiste;
dilema radical y perentorio
para mí, que me llamo Incertidumbre.
Yo no puedo subir hasta tu cumbre
ni tú acaso bajar a mi escritorio.
Quizá nunca sabré por qué moriste.
A UNA FARMACÉUTICA

Es mal negocio para una farmacia
que despache una niña tan bonita,
con esos ojos, con esa carita,
y con esa sonrisa y esa gracia.
Porque el que va por un medicamento
y vienes a atenderle, Mariquilla,
se marcha sin comprarte la pastilla,
porque se va curado del contento;
se toma la tensión disimulando,
o te compra un barato chirimbolo,
y se olvida cuál era su dolencia;
mal negocio eres tú para la ciencia,
que estás detrás del mostrador, curando
a la gente con atenderla sólo.
Le habla a un tonto que construye su biblioteca

Te compras libros, Platero,
por llenar estanterías
que en tu casa están vacías,
que me lo ha dicho el librero.

No importa si son de autores
dudosos o consagrados,
siempre que tengan dorados
y tengan buenos colores.

Ese afán, de todos modos,
de parecer erudito,
te da mérito de serlo...

Lee alguno, que al leerlo
se te abrirá el apetito,
y acaso los leas todos.
Protesta a uno que pedía para beber 
No me tomes, amigo,  por capullo;
si te vas a gastar en un vinillo
lo que me pides para un bocadillo,
éso no es mi problema, sino tuyo.
¿Tengo cara de juez o sacerdote?
Si puedo, te daré siempre una ayuda,
y lo que hagas con ella me la suda;
por favor, no me tomes por cipote.
Yo he bebido también porque tenía
motivos, y también seguramente
los tendras tú; no sé; no es cosa mía.
Te doy porque me pides, simplemente,
y espero que tú a mí me des un día,
si en tu lugar me veo casualmente.
 Aquí cuenta su aspiración de ser objeto inerte

Pensar me asombra, gélida Leticia,
que os miréis al espejo diariamente
y él os refleje y no gima, impotente
de haceros la debida y fiel justicia:

Que la sortija de oro delicada
que calentáis en ese frágil dedo
no tiemble, y no parezca sentir miedo
de ser con vuestra mano comparada.

Ah quién fuera sortija, o fuera espejo,
para estar ante vos indiferente
y poder ante vos no sentir nada,

en lugar de ser un escritor viejo
que se os acerca temerosamente
y se estremece con una mirada.
De vuelta de Borges

Sólo sometemos a un escrutinio serio lo que nos importa.  Noada tengo contra Barack Obama, contra Tarantino o  contra Michael Jackson (fuera de los calcetines blancos). Nada tengo contra ellos, porque me parecen fundamentalmente ininteresantes (hablo, naturalmente, de mí, de lo que a mí me interesa o no, no de la importancia que en realidad esas personas tengan). En cambio, a fuerza de reverenciarlo y contemplar su busto he acabado por ver demasiado claramente las grietas del ídolo Borges. No diré lo que dijo Pérez-Reverte: "Borges es un gilipollas que se pasó la vida intentando imitar a los escritores ingleses", afirmación excretada para que se hablara de él (de Pérez) durante diez minutos (y lo consiguió, en efecto). Pero sí veo sus innecesarios galicismos, su poco ingeniosa ingeniosidad, su uso indebido de las comas, su forzada elección de asuntos fantásticos (los argentinismos son naturales en un argentino, y no los cuento)... El misterio es que, con grietas y desconchones y todo, algunos muy llamativos, continúa en su pedestal, al menos para mí, lo mismo que el Partenón continúa siendo el Partenón. O las Meninas las Meninas, a pesar de la restauración atroz inferida por alguien. Seguimos visitando las Meninas y seguimos (y seguiremos) aprendiendo de Borges. Pérez, que yo sepa, está bien, gracias.
...Los sobres que escribía Mallarmé con sus direcciones en verso, le dejan a usted indiferente, a menos que no le causen lástima; usted no puede comprender que



Apte à ne point te cabrer, hue!
Poste, et j'ajouterai, dia!
Si tu me fuis anze-bis Rue
Balzac, chez c'est Hérédia,

es un pequeño milagro.
-Tiene usted razón-dijo Mr. Scogan-. No puedo comprenderlo.
-¿No le parece a usted una cosa mágica?
-No.
-Ésa es la piedra de toque del temperamento literario - dijo Dionisio-, la sensación de que las palabras tienen un poder. La parte verbal, técnica, de la literatura es sencillamente una extensión de la magia.


(Aldous Huxley, Crome Yellow. Traducción de J. Farrán y Mayoral)

sábado, 11 de septiembre de 2010

Feliz año 5771

                     ¿Mataron los judíos a Jesucristo, o indujeron su muerte? ¿Hay vida en otros planetas? ¿Produce la masturbación ceguera? Son preguntas que entran en el vastísimo campo de mi ignorancia... Cuando nuestra amiga Perla era muy niña, se paró como cualquier niño a ver una procesión: las extrañas estatuas, los capirotes, los colorines. Un señor que estaba a su lado se volvió hacia ella y le espetó: "¡Vosotros matásteis a Jesucristo!" Y la niña, asustada como es lógico, contestó enseguida: "¡Mi padre, no!"
                    ¿Tengo amigos judíos? Si recibirte en su casa, obsequiarte todos los años en la fecha de tus fiestas, invitarte a ceremonias cuasi privadas a las que no a todo gentil se invita, preguntarse por la salud y contarse secretos es ser amigo, si visitarse mutuamente en ocasión de deceso o enfermedad es ser amigo, sí, los tengo. ¿Me fiaría de ellos? Hasta cierto punto, como de cualquier cristiano.
                     Y son nuestros abuelos. Somos algo más modernos que ellos, pero no mejores.  Igual que respecto a nuestros padres. El bueno de Bono lo dijo: "Mi padre era falangista, y yo no soy mejor que él." El cristianismo es una versión actualizada -y no tanto por lo que se está viendo- del hebraísmo. Sospecho que ellos pondrían degenerada donde pongo yo actualizada, pero es natural.
                      Las Actas de las Inspecciones administrativas gozan de presunción de certeza iuris tantum. Mientras no haya prueba en contrario, yo considero amigos a quienes me lo han demostrado. Feliz Rosh Hashaná, amigos, si me oís en medio de esta alharaca antisemita que se levanta. Y gracias de nuevo por la botellita de agua del Jordán que os pedí y me trajisteis para bautizar a mi sobrino-nieto.

viernes, 10 de septiembre de 2010

A uno que pega a su perro

Esta tarde te he visto castigando
a tu perro, que de bueno ni habla,
y al que, no sé por qué, con una tabla
en el hocico estabas golpeando.
Supongo que lo quieres agresivo,
por luego presumir de perro fiero;
medalla llevas tú de majadero,
por torturar tu perro sin motivo.
Tu vileza me jode la barriga;
en mi vida cochino tan inmundo
he visto, ni salvaje tan cretino;
mierda es tener un perro por vecino,
un asqueroso perro que castiga
al solo que le quiere en este mundo.
Oración clásica

Tú que me has dado, Padre, tantas cosas
(y aun el supremo don de ser querido),
me niegas otras cosas que te pido;
sin duda, por razones poderosas.
Tú eres quien sabe lo que me conviene
y me darás lo que yo necesito;
que no siempre es lo bueno lo bonito
ni tiene siempre más el que más tiene.
Yo te remito, Padre, mi plegaria,
y me quedo esperando que decida
tu saber infinito incognoscible.
Sé que si no me das lo que te pida
es que lo que te pido es imposible
o que es mi petición innecesaria.
Oración gnóstica

Perdona, oh padre no nacido Abraxas,
a los demiurgos que han creado este mundo,
que han bosquejado irresponsablemente el mundo,
este mundo donde el tiempo no vuelve,
donde la juventud dura tan poco
si es que se llega hasta la juventud,
donde hay discordia entre hombre y mujer
que tú siempre pensaste en armonía,
donde la tierra espera todo cuerpo,
donde halla decepción toda esperanza.
Sereno en el pleroma e inmutable,
perdona a los ángeles malévolos o necios
y ten piedad del hombre al que tú no creaste.
Perdona a los demiurgos inconscientes
el dolor, la tristeza, la locura, el deseo,
el desacuerdo, las enfermedades,
el fracaso y la muerte.
Perdónales la muerte, perdónales haber hecho la vida
y el mundo, perdónales la ruina y el peso de los cuerpos,
perdona su torpeza y su ignorancia,
y ten piedad del hombre, al que tú no creaste.
Perdona a los demiurgos,
perdónales porque no saben lo que hacen
y ten piedad del hombre,
que al fin es hijo tuyo aunque tú no querías
en el profundo fondo de tu ser,
eterno no nacido padre Abraxas.
Bronca

¿Por qué leen estos ruidos otoñales
que perpetro, insolente o aburrido,
para poblar un tiempo sin sentido
y distrarme un poco de mis males?
¿No saben que en la calle está la ciencia,
la belleza, los vinos, los placeres,
que los parques, los hombres, las mujeres
les esperan con tierna impacïencia?
Si admiten un consejo los lectores,
no se detengan en mis tonterías,
porque el tiempo tampoco se detiene.
Esos pocos minutos que uno tiene,
esas horas de irreversibles días,
han de llenarse con cosas mejores.

Spanglish

Close will can my eyes la postrera
night that me llevará the white day,
and will can desatar this soul of mine
now to her afán ansioso lisonjera.
But not de esa other part in the ribera
will leave la memoria where ardía;
'cause to swim knows my llama la agua fría
and to loose el respeto a law severa.
Soul for what all a God prisión has been,
venas that humor to tanto fire have given,
medulas que han gloriously be burned,
her body dejará, not her cuidado;
will be ceniza, but it'll got a sense;
they powder will be, but powder in love.
El huevo y las patatas




(Characters and events depicted are not fictitious)





                Arduo es el camino hacia la excelencia en el relato en plan Guy de Maupassant, Cortázar o Hemingway; quizá era más fácil en la terraza del Café de Flore con una libretilla y un lápiz norteamericano cuando en París había la tercera o cuarta parte de la población de ahora. En ese camino, pueden servir de ejercicio las siguientes líneas. Infringiré dos de mis principios: aparezco yo, el relato es auténtico. No importa. Goya escribió al pie de un dibujo a los ochenta años: "Aún aprendo."



Yo comía en Correos con dos idiotas; uno era compañero de trabajo, y el otro, que me detestaba, amigo suyo. Comíamos allí porque era más cómodo y barato que ir a casa, comer y volver por la tarde. Y se comía bien por treinta céntimos de euro.



Un día vino un viejo y se sentó a nuestra mesa. Por alguna razón. Nos presentamos, estrechó la mano de los otros y dejó la mía colgando en el aire. Me extrañó. No me sorprendía el aborrecimiento del idiota de mi edad (me había pasado la niñez y la juventud siendo aborrecido), pero yo respetaba mucho por aquel entonces a las personas mayores, que incluso si (lo sospecho hoy) no me detestaban mucho menos, solían tener el detalle de ocultarlo.



A lo largo de la humilde comida de treinta céntimos que siguió se desveló el misterio: yo era de Madrid (aún lo soy), y el señor era de un pueblo cercano, y durante la guerra les habíamos estado robando los madrileños las patatas a todos los pueblos cercanos, con lo que algo se comía en Madrid, pero en los pueblos se pasaba hambre. Y yo, que nací diez años después de terminar la guerra, había heredado el pecado de mis antepasados (que por cierto llegaron a Madrid unos pocos años antes que yo al mundo). Era ése el motivo de la denegación del saludo. Llevaba (el señor) un pastillero redondo de un tipo que no he vuelto a ver, con unos ocho compartimentos. Nos despedimos. No fue la última vez que pagaba yo el delito de ser de Madrid, pero serían otras historias. Por otra parte, lo pago con mucho gusto con tal de ser de Madrid.



Al día siguiente, tocó huevo frito de segundo plato. Con patatas. Vaya. Yo estaba distraído hablando con mi compañero, y algo soñoliento, la verdad, cuando el otro idiota señaló directamente mi plato y dijo: no te comas éso. Al mirar el plato, vi el huevo cubierto completamente de pedacitos de vidrio, cuyo brillo se confundía con el de la clara y la yema, y que yo me disponía a ingerir (nada como un huevo frito con mucha sal).



El idiota seguramente me salvó de algo, no sé muy bien, y aquel anciano me dejó con el saludo colgando por algo de lo que yo no tenía la menor idea. Reflexiono sobre ello, y no hallo moraleja alguna; pero si la hallara, no la declararía. Borges lo dijo: no aspiro a ser Esopo.

jueves, 9 de septiembre de 2010


Un soneto me manda hacer Violante,
y en mi vida me he visto en tal aprieto...

Lope de Vega


Ex nihilo nihil

Algún verso quise escribir aquí
sin nada aún sentido o recordado,
pero tenía el lápiz preparado
y así de todos modos lo escribí.

Sin vida, sin recuerdos, sin mujer,
resulta un artefacto sin belleza
(si no se tiene nada en la cabeza
es lo que suele siempre suceder).

Y así, rima con rima, poco a poco
un soneto que no es sino pellejo
sin carne sólo alcanzo a producir.

Por no seguir aquel sabio consejo:
nunca escribas sin algo que decir,
de la nada en la nada desemboco.
 
 
Ars magna et ultima
 
Con compadritos que se matan por nada,
con señoras mayores que se mueren de un susto,
con aldeanos de memoria implacable,
hizo Borges su mundo.
De la mugre y el triste sino humano
sacó zafiros, esmeraldas, rubíes.
No llegaré a su altura. (¿Quién podría?).
Pero no importa, importa esa lección.
Todo verbo es del polvo (incluso el suyo),
pero no lo es el arte de la alquimia.

Jezabel

 I
                   Hace tantos años que me di cuenta de que Jezabel estaba como una cabra, que ya no puedo recordar cuándo me di cuenta por primera vez. Para mí, al principio era nada más que una mujer ligeramente excéntrica y muy divertida, que pintaba no del todo mal cuadros al óleo, me regalaba cigarrillos turcos que Compraba en el extranjero (ella no fumaba) y me contaba cómo había sido -cómo ella se imaginaba que había sido- el París de la bohemia. Me divertían sus historias, la adoraba. ¿Se volvió loca por no conocer el amor, o no conoció el amor porque se volvió loca? La locura desprende un inconfundible olor que ahuyenta a los pretendientes y a los potenciales amantes; ella seguía pintando, leyendo novelas de calidad y de no tanta calidad, y soñando.

II
                   Una tarde, buscando entre sus libros alguno que no hubiera leído ya, encontré una especie de diario que, como comprendí enseguida, era un diario fantástico. Se relataban en él los amores (los amores de amor) que no había tenido nunca con hombres amables, corteses y cariñosos, y las palabras de amor que no le habían dirigido, las caricias, los besos, las artas; sonreí un poco, sintiéndome culpable hacia Jezabel, porque las palabras de amorque figuraban en esas historias son las que pronuncia una mujer, y no un hombre. Pobre Jezabel; ni siquiera podía imaginar.
Me regaló un atril y un juego de escritura carísimos, y me aconsejó sobre el modo de escribir relatos, que debían contener (según ella), ineludiblemente, los siguientes elementos:

1.Colores
2.Sabores
3.Aromas
4.Sonidos
5.Amor
6.Personajes
7.Un poco de lluvia
8.Un conflicto
9.Fechas precisas
10.Uno o dos cuadros antiguos

Debía uno evitar, a toda costa:

a) Figurar como protagonista en el relato.
b) Que la anécdota y las circunstancias fueran verdaderas.

III

                    Nos perdimos de vista en 1999. No hubo ruptura, porque nunca había habido relación. No hubo llantos ni despedidas. No hubo escenas. Me regaló la última cajita de cigarrillos turcos, y un anillo vagamente pavoroso que aún llevo, sobrellevando las pullas de los compañeros de covacha.
-No podía ser, ¿verdad?- me dijo-. Yo soy del demonio, y tú no. Aunque creo que tú eres de un demonio peor. Además, sólo te interesa escribir. O a lo mejor eres homosexual.
-Querida Jezabel -le contesté-, si no lo fuera, ¿no me habría acostado contigo?
Meditó un poco sobre esta respuesta, luego me dio un beso sin intención particular.
Luego he sabido que se casó, se divorció y ahora es conservadora de no sé qué museo de esos tan especializados que nadie visita nunca.

Y fue la luz

Mas no: lo que mi barro ha bendecido
no lo voy a negar como un cobarde.

Jorge Luis Borges


Oh achaques de la edad
y del cuerpo y el espiritumano
Un día te levantas:
todo parece gris (¿o es gris?).
Pero hubo tantos años,
tu amor, y nuestras cartas,
los hijos y algunas guerras
que ganamos juntos,
¿te acuerdas?
Mañanas en aquel Málaga virgen
cuando empezaba el mundo,
y nuestras risas jóvenes,
la guerra entre nosotros, en armisticio ahora,
los hijos y los cuerpos (que apenas si teníamos,
porque la juventud nos empujaba).
Tu boca
que arrastraba mi boca y aún me arrastra,
y los amaneceres de aquel mundo
aún por construir.
Claro que ha habido tormentas
y catástrofes,
y alguna vez -muchas veces- el mal
ha asomado los cuernos
y olían a azufre las macetas
en el balcón quemado.
Pero lo que mi barro ha bendecido
No lo voy a negar como un cobarde.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La cama

 









 Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé;
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Baltasar del Alcázar, Una cena

Es cosa para admirarse...
o puede que no lo sea,
pero fue una gran idea
esta idea de tumbarse.
Ya dejé el televisor
y el mundo cruel dejé;
ni sentado, ni de pie:
tumbado se está mejor.
Y aquí tumbado medito
sobre la vida y la muerte
y sobre este mundo enfermo,
y me fumo un cigarrito.
Y a veces incluso duermo, 
cuando hay un poco de suerte.

A otra amiga, que me aconsejaba

No sé cómo decirte, compañera,
que por mí te preocupas demasiado;
mi modo de escribir yo lo he criado
y no puedo escribir de otra manera.
A mi edad cambia poco la mollera
y el estilo ya está fosilizado,
y el lenguaje, perdido y encontrado.
¿Para bien, para mal? Como usted quiera.
No vayas a pensar que tus consejos
no me interesan, dulce criatura;
sabe Dios que me son muy agradables.
Es sólo que los escritores viejos
ya tenemos el genio y la figura,
malos o buenos, pero no variables.

Iniciación

Llamad a las puertas del Cielo,
que aunque sea por no oíros, os abrirán.
 
                 Jesús de Nazareth


Algún día abrirás, padre clemente;
por no aguantar más golpes a tu puerta
de par en par la dejarás abierta
para que pueda entrar el insolente.
Ya mi tiempo se termina; impaciente
y cansado mi pobre isla desierta
ensordezco con voz que desconcierta
al cráneo que me mira fijamente.
Como yo abro al amigo que a contarme
viene una historia necia y sin sentido,
o a enviados de sectas demenciales,
un día me abrirás por no aguantarme,
y ese día seré quien siempre he sido,
padre e hijo, distintos, tan iguales.

La hora

¿Aguardará mi hora que yo aprenda
a expresar en palabras lo que siento?
¿Tendré tiempo? ¿Me llegará el momento
a mitad del empeño y de la senda?

Tan vanos, tan sin luz mis versos veo
que hoy que te tengo a ti, lector clemente,
quiero durar, durar eternamente
(cosa que nunca ha sido mi deseo),

para afinar mi verbo desastrado
y trocar estas piedras defectuosas
en diamantes sin mancha poderosos,

para que esos momentos generosos
que robas, por leerme, de tus cosas,
no resulten tiempo desperdiciado.

lunes, 6 de septiembre de 2010

GRANDES MICROENSAYOS: Qué es erotismo en literatura

                 ¿Qué es erotismo?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.
Probablemente todo esté dicho al respecto, pero, como dijo Borges, siempre contamos las mismas cosas; varía la manera de contarlas.
Yo añado -o parafraseo- que siempre pensamos y escribimos las mismas cosas; varían el modo, la época, la intensidad, el estilo (o su ausencia).
También como Borges (en "Sobre los clásicos"), creo que, a cierta edad, importan menos las coincidencias con autores ilustres, reconocidos o meramente editados que lo que uno cree verdadero; no tengo tiempo y, sobre todo, no tengo ganas de buscar opiniones o acreditadas y confrontarlas con las mías, hablando por boca de ganso o según magister dixit. Me limitaré, como el maestro, a declarar lo que sobre este punto he pensado.
Erotismo, en literatura (creo), es la insinuación, mucho mejor cuanto más leve, de la posibilidad del placer sexual -que no necesariamente del coito-; por tanto, cuanto mayor sea la insinuación y más velada, más erótico es el texto; el incremento de la dosis de lo explícito produce pornografía y, con un poco de mala suerte, vulgaridad, cuando no aburrimiento; por éso los textos de Sade o Henry Miller NO son eróticos, independientemente de su valor literario, tampoco muy subido. No hablemos de las novelas "eróticas" en serie, en las que se llama al pan, pan y al vino, vino...
Mario Vargas Llosa dejó escrito (1), creo que irrefutablemente, que la escena más erótica de Madame Bovary es el recorrido del fiacre en el que viaja Emma con Léon por las calles de Rouen (o de París, no recuerdo), en el que no se nos cuenta nada de lo que sucede dentro del carruaje, por lo que cada cual puede imaginarse lo que quiera. Éso puede ser el erotismo en literatura: proporcionar al lector un apoyo, cuanto más pequeño mejor, para provocar el afloramiento de sus propias fantasías. Cada lector se hará una idea diferente de la secuencia en el interior del fiacre, y así debe ser. Otra cosa, corre el albur de devenir en un Kama-Sutra menor, un manual de fisiología, una exploración ginecológica. Cosas todas ellas que tienen su lugar en el Universo; un lugar, empero, que no es el de la literatura erótica.
Aburre un poco, y no sólo al lector, decir otra vez que una mujer en ropa interior o a medio vestir es más excitante que una mujer desnuda - en principio-. De lo que infiero, porque me da la gana y este ensayo es mío, que hay un importantísimo factor cultural en el erotismo. Y todo lo que no es cultura es naturaleza, invirtiendo el dicho tan conocido; también aburre un poco decir que lo que resulta erótico para un "cristiano" (por entendernos) no es lo mismo que lo que resulta erótico para un musulmán o un japonés. Los pies femeninos (no menospreciados, tampoco, en nuestra cultura) son, si no recuerdo mal, fuertemente excitantes para un oriental; para un musulmán puede serlo la boca de la mujer, más que otras partes del cuerpo; de ahí el velo que la cubre, incluso en los países musulmanes más benévolos. Para un esquimal o un hombre de las tribus del Amazonas... quién sabe.
Aun dentro de cada cultura, considerar las diferencias individuales nos llevaría demasiado lejos, y haría este ensayo -o lo que sea- demasiado prolijo.
Hay otro riesgo (que no un supuesto peligro moral) en la literatura erótica: que no se puede suscitar respuestas imaginativas en quien carece de imaginación, y hay lectores que dentro del fiacre no se imaginarán absolutamente nada, o muy poco más allá de un entrar y salir.
Para ellos, existen Penthouse, Lui y otras publicaciones parecidas; objetos periódicos que también tienen, por supuesto, su lugar en este innumerable, riquísimo, horrible y hermoso Universo cuyo origen -y sobre todo, cuya finalidad- desconocemos.

POST SCRIPTUM. Y ¿qué resulta erótico para una mujer, en literatura y, ya que estamos, en la vida, de la que la literatura es subespecie, aparte de lo obvio? Lo ignoro. Algo he leído, claro, al respecto, y algo me han contado. Pero como es natural, no conozco el tema tan bien como desde el punto de vista del individuo ibérico medio, género al que pertenezco. Y no creo que alguna de ellas se anime a declararlo; y aunque así fuere, por lo que sé (por lo poco que sé), las diferencias individuales en ellas son aún mayores que en nosotros, y me arriesgaría a decir que lo que afirme una mujer al respecto puede servir para muy pocas, y para otras muchas no. Por éso el mundo, a Dios gracias, puede resultar a veces, por su variedad, bastante menos tedioso de lo que a primera vista parece.

GRANDES MICROENSAYOS: Técnica del cuento de terror

                  Si no me equivoco, la técnica usada (o mayoritariamente usada) por los autores del relato de terror es comenzar contando horrores verdaderos, que la vida no suele escatimar; algo en el interior del lector dice: sí, ésto es verdad; y entonces, poco a poco, se va introduciendo por el autor el horror fantástico, ya sea gótico, mitológico o extraterrestre; y ya no importa que lo sea (que sea fantástico), porque la incredulidad del lector quedó suspendida por lo que anteriormente se había dicho. La maestría del autor se mide por la habilidad e imperceptibilidad -en lo posible- en el paso de un horror a otro.
Es una técnica muy utilizada en los relatos de Stepehen King, Ray Bradbury o H. P. Lovecraft; se comienza relatando, con algún detalle, horrores cotidianos (1): parejas que se odian secreta o manifiestamente, viejos malvados, vidas arruinadas, casas o existencias demolidas, gentes hundidas en la demencia, el alcoholismo o la sordidez, culpas imposibles de reparar; todo ésto forma parte de la realidad, y el lector no puede por menos de reconocerlo; entonces ya está preparado para que se le hable de vampiros, payasos demoníacos, extraterrestres idiotas y violentos (2), encarnaciones variadas del mal. Si existen unos horrores -y sabemos que existen- ¿por qué no los otros? El escritor lleva de la mano, muy suavemente, al lector a delizarse de un horror al otro.
¿Es más increíble, por monstruoso, un vampiro (o un pueblo habitado por vampiros) que un alcohólico que golpea a su hijo en la cuna, o que dos personas que duermen juntas deseándose la muerte, o que un anciano a quien toda una prolongada vida no ha servido más que para juntar maldad, o que un coma accidental del que la víctima despierta después de haber perdido años irrecuperables y a la mujer de su vida (3), o que un colegio donde -diariamente- se espera a un determinado alumno para darle una paliza, ya por rutina, ni siquiera por deseo de hacerle daño?
Otros autores -me vienen a la memoria, es fácil, Poe o Bram Stoker- entran (creo recordar) en materia sin preámbulos; de ahí que -a mi ver- sus relatos, siendo magistrales, sean menos eficaces COMO RELATOS DE TERROR que los de Stephen King o H. P. Lovecraft: no se ha preparado en el lector la necesaria suspensión de la incredulidad.

(1) El alcohólico que rompe el brazo de su hijo pequeño en "Shining"; la sordidez cotidiana de un pueblo norteamericano en "Salem's lot", la perdurabilidad e invencibilidad del mal y la pérdida irreparable de la infancia en "It"...
(2) "Tommyknockers"
(3) "The dead zone"

Cuento

Érase un prado verde con álamos y menta,
Y éranse las muchachas y el amor sospechado.
Érase buena gente y una iglesia pequeña,
Éranse las cigarras y el tiempo por delante.

Había un vino negro, el mejor de la tierra,
En cuevas frías y cómodas en lo peor de agosto.
Éranse los amigos y el café de puchero,
Y un pan recién creado blanco como la nieve.

Desde aquella colina yo miré el mundo entero,
Y desde aquel castillo me imaginé guerrero.
Me imaginaba amante mirando tus cabellos,
Cuando los sueños no eran aún presagio de nada.

Creíamos que siempre estarían esperando
La menta, las muchachas, el tiempo y el castillo.
Porque entre tantas cosas como entonces había
Había también la idea de que la vida espera.

Prospectiva

Le poète est semblable au prince des nuées,
Qui hante la tempête et se rit de l'archer.

Charles Baudelaire

Piensa que de algún modo ya estás muerto.

J. L. Borges



UNO

                   Qué va, qué va. Hace unos años es posible que me riera del arquero y de las tempestades. Hoy, en absoluto. Quizá porque en el fondo no soy poeta (si en la forma tampoco, tienen que decirlo mis lectores). La verdad es que soy un cuentista frustrado. Mientras consigo escribir un cuento, si es que lo consigo alguna vez, puedo ir construyendo pequeñas construcciones que a los otros a lo mejor de vez en cuando les agradan. Tanto mejor.



DOS

                  En esas insoportables tiras cómicas de Mafalda le preguntaba un personaje a la niña extraña: "¿Y todo ésto existía antes de que yo naciera?" Ella contestaba: "Sí, claro". Y él, después de pensar un momento: "¡Qué desperdicio!"

                  No, el mundo continuará cuando ya no estemos. Dando vueltas, con sus guerras y sus paces, con sus amaneceres y sus noches. Otros serán desdichados y otros serán felices (me dicen que hay gente que también es feliz ahora). Durante muchos siglos, probablemente milenios, el mundo siga cuando no sólo no estemos nosotros, sino tampoco los que nos recordaban.

                 ¿Mejorará? No sé. Supongo que en algunas cosas, en otras me temo que continúe empeorando. Si me hubieran dicho que no podría fumar en el trabajo, o que ceder el paso a una mujer podría considerarse grave ofensa. Por poner dos ejemplos de cosas sin mayor importancia.

                  Es posible que ya sea casi todo una basura, salvo el amor y los libros; poco más. Y también es posible que allá por 2080 algunos digan: "Hay que ver lo bien que se vivía a principios de siglo". Algo así como hoy miramos el XVIII o el XIX, que no tuvieron nada de cómodo ni de bonito hasta que fueron Historia.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Morir en guerra

              La historia, rigurosamente auténtica, me recuerda a la que relata Borges en "La señora mayor" (probablemente también auténtica). Miren: cada cultura tiene sus tradiciones; unos tienen el burka o la infibulación, nosotros tenemos prender fuego a los cuernos de un toro aterrorizado, o ridiculizar toda labor intelectual o sensible (a no ser quien reporte mucho dinero), o que las viudas se vayan a vivir con sus hijas; Ana lo hizo, y se impuso la que sabía que era -tradicionalmente- su obligación: destruir la relación entre los cónyuges, y entre ellos y sus hijos. Es justo decir que no se excedió en su papel; una vez cumplida la misión que nuestra cultura le asignaba, se limitó a ser una presencia ominosa, a emitir comentarios sarcásticos en toda ocasión feliz, a hacerse llevar al médico por males imaginarios; todo normal, como ven. Pero una mañana despertó y ya no estaba en la relativamente tranquila España de hoy; estaba en la de 1936-1939. En qué bando, en qué zona, no lo sé y no  importa, porque fueron intercambiables bajo ciertos puntos de vista. Toda explosión le parecía a Ana un disparo, todo estruendo de feria una fiesta de fusilamiento, toda desaparición de un vecino -por vacaciones o mudanza, pongamos- un "paseo". Murió dos o tres años después, y no fue justo morir en guerra cuando ya no había guerra. Esa mujer que había tenido que levantarse cada día, que había sufrido intervenciones quirúrgicas, que había tenido que comer diariamente, murió además en guerra. Ese final me indigna, me escandaliza, me parece un símbolo de todo lo que sé desde que desperté... Perdonen, quizá me he alargado mucho. Pero ya saben lo que dicen: escribir es el modo de hablar sin que nadie te interrumpa.

Nota en una servilleta

¿que me mueve a escribir a estas alturas
cuando conozco ya todas las cosas?
pues tal vez las muchachas desdeñosas
o las profundidades mas oscuras--

o ambas cosas al tiempo- las gozosas
horas pasaron ya en literaturas
y sin placer y sin fortuna- puras
ruinas son hoy los ojos de las rosas.

me mueven el infierno y el deseo
que ni deseo es ya sino recuerdo
de haber sido deseante tanto y tanto.

en versillos y formulas me pierdo-
mas mientras no me encuentro contorneo
el centro pegajoso del espanto.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Oscureció Tristeza cada estancia

Perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Miguel Hernández

  
Oscureció Tristeza cada estancia,
llenó Hastío los largos corredores,
me hicieron amargado Sinsabores,
Desdén puso el silencio y la distancia.

Dolor secó mi tierra; Indiferencia
me dedicaron, y otras repugnancia.
Soledad me arrojó a la extravagancia,
remordimientos me trajo Conciencia.

Sinsabores, Desdén, Tristeza, Hastío,
Indiferencia, Dolor y Conciencia
y Soledad me siguen donde vaya;

seguidores malos donde los haya,
tan habituado estoy a su presencia
que si no están yo no me siento mío.

Querido Diario


Dezidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?

Las mañas e ligereza
e la fuerça corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
de senectud.

Jorge Manrique
 
El mayor


                   Mi mujer y yo nos hemos apuntado al Centro de Mayores. No me veo yo ahí todavía ni los agravios de la edad son aún demasiado evidentes, aunque la intervención quirúrgica del verano pasado debido a la artrosis fue bastante evidente. Ésa sí. Soñaba con el infierno cuando me dormía, y cuando me despertaba con el tubo para que saliera la sangre metido en la espalda era otro infierno, aunque éste era terminable y no interminable, y era real. Un autor citado por Borges en sus notas sobre el Infierno sostiene que lo más terrible (o característico) del Infierno puede ser su irrealidad. El caso es que en el Centro se come y/o se desayuna por muy poco dinero, se encuentra la compañía de personas sabias y experimentadas, y si no se encuentra se puede uno ir. Creo que hay más ventajas; he pedido un manual de instrucciones. Y algún médico habrá, lo que para alguien con problemas respiratorios puede ser interesante. La magia de la bata blanca, sepan o no dónde tienen la mano derecha algunos de ellos, ya se sabe. En fin, el carnet de "mayor" en mis manos será el útil con el que empezaré a acostumbrarme a verme como un... mayor (iba a decir otra cosa). No me siento con sesenta y un años, pero creo que éso le sucede a todo el mundo, por éso pretenden a jovencitas, como Goethe. Y son rechazados, aunque sean Goethe, porque los sesenta y un años estar están.
 
Puto verano


"¿Cómo no íbamos a dominar la Tierra? ¡Nos hemos acostumbrado a todo, hasta al sol!"

                      De vez en cuando, de tarde en tarde, descubro, como descubrió Robinson la huella en la playa, que existe otra (aunque sea otra) persona que detesta el verano. Como yo. Incluso me los he encontrado que más. Benditos sean, se siente uno tan solo en ésto. Hombre, no cabe duda de que la luz y la alegría y los pies desnudos de las mujeres. Pero qué bochorno, qué no saber dónde meterse, qué moscas, qué cuerpo pegajoso. Qué factura de luz.

                    Y no hay sólo mujeres en las calles. Hay hombres. Hombres en cuya producción vamos a la cabeza del mundo, como Jardiel sostenía que vamos en la produción de viejas: hombres bajitos, barrigudos, con carga de pocos amigos, desnudos hasta el borde de abajo de la barriga, y además en pantalón corto. Y una gorrilla. Suficiente para no comer. Bueno, siempre es bueno comer algo menos en estas sociedades en las que vivimos que están apenas saliendo del tercer mundo y en las que tanta importancia damos a la comida. Quizá a fuerza de mirar esas panzas y no comer no acabaremos con una de ellas, sin saber si abrocharnos el pantalón por encima o por debajo.

                  Es pronto para cantar victoria, pero ayer, para mi sorpresa, apenas encendí en casa el ventilador. Me asomo a la ventana y hay nubes. Es pronto, muy pronto, pero los signos se van manifestando poco a poco. Antes de que nos demos cuenta, se habrá ido el puto verano.