........................esta segunda inocencia
que da en no creer en nada.
Antonio Machado

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sábado, 4 de septiembre de 2010

Morir en guerra

              La historia, rigurosamente auténtica, me recuerda a la que relata Borges en "La señora mayor" (probablemente también auténtica). Miren: cada cultura tiene sus tradiciones; unos tienen el burka o la infibulación, nosotros tenemos prender fuego a los cuernos de un toro aterrorizado, o ridiculizar toda labor intelectual o sensible (a no ser quien reporte mucho dinero), o que las viudas se vayan a vivir con sus hijas; Ana lo hizo, y se impuso la que sabía que era -tradicionalmente- su obligación: destruir la relación entre los cónyuges, y entre ellos y sus hijos. Es justo decir que no se excedió en su papel; una vez cumplida la misión que nuestra cultura le asignaba, se limitó a ser una presencia ominosa, a emitir comentarios sarcásticos en toda ocasión feliz, a hacerse llevar al médico por males imaginarios; todo normal, como ven. Pero una mañana despertó y ya no estaba en la relativamente tranquila España de hoy; estaba en la de 1936-1939. En qué bando, en qué zona, no lo sé y no  importa, porque fueron intercambiables bajo ciertos puntos de vista. Toda explosión le parecía a Ana un disparo, todo estruendo de feria una fiesta de fusilamiento, toda desaparición de un vecino -por vacaciones o mudanza, pongamos- un "paseo". Murió dos o tres años después, y no fue justo morir en guerra cuando ya no había guerra. Esa mujer que había tenido que levantarse cada día, que había sufrido intervenciones quirúrgicas, que había tenido que comer diariamente, murió además en guerra. Ese final me indigna, me escandaliza, me parece un símbolo de todo lo que sé desde que desperté... Perdonen, quizá me he alargado mucho. Pero ya saben lo que dicen: escribir es el modo de hablar sin que nadie te interrumpa.

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